sábado, 27 de diciembre de 2014

pasteles sirios de frutos secos (Chamiat)



         Estos pastelitos son una auténtica tentación. En lugar de hacer turrones y alfajores esta Navidad me ha dado por hacer estos pastelitos que ya hice para una reunión muy especial de amigas y triufaron.
     Son fáciles y parecen más complicados de hacer por tantos pasos como hay que explicar, pero luego es mucho más simple. El aroma a agua de azahar y a canela es una delicia que se expande por toda la casa.
      En lugar de otros postres más típicos de estas fechas podéis probar con estos, seguro que os piden que los repitáis.



     Ingredientes: 260 g de frutos secos molidos ( yo he usado almendras y nueces), 70 g de azúcar, un clavo molido, 1 cucaradita de canela molida, 1 huevo, 3 cucharaditas de azúcar vainillado, 1 nuez de mantequilla en punto de pomada, 10 hojas de pasta filo, un chorrito de agua de azahar, pistacho molido, 125 g de mantequilla fundida, sirope casero (300 ml de agua y 500 g de azúcar).

     En primer lugar hacemos el sirope en el que vamos a remojar nuestros pastelitos cuando estén horneados. Para ello ponemos 5 cucharadas del azúcar del sirope en un cazo y cuando empiece a ponerse de color rojizo añadimos el resto del azúcar y el agua. Mezclamos bien y, antes de que hierva, lo apagamos. Lo dejamos que repose y se enfríe.



     Ahora haremos la masa que llevan los pasteles dentro. En un recipiente mezclamos los frutos secos molidos, el azúcar, el clavo molido, la canela molida y el azúcar vainillado. Añadimos el huevo, el agua de azahar, y la mantequilla. Amasamos con las manos hasta que se quede una masa; es algo parecida a la masa de mazapán en la textura. Hacemos unas bolitas con las manos y reservamos.



          Ahora trabajamos las hojas de pasta filo. Hay que ser muy rápidos en esto y evitar que se nos sequen, además de ser una masa muy fina y delicada que se rompe con facilidad; pero merece la pena porque el resultado crujiente es una maravilla. Fundimos la mantequilla y vamos poniendo en una superficie limpia una hoja de masa; la pintamos con mantequilla fundida (usar pincel para ello). Encima de esta hoja poemos otra y la volvemos a pintar con mantequilla. Así  hasta tener las 10 hojas superpuestas. Rápidamente cortamos la masa en cuadrados de unos 8 cm y ponemos dentro una bolita de los frutos secos que teníamos reservada. La doblamos en forma de libro y luego la cerramos por el otro extremo, de forma que queden los cuatro bordes lo más juntos posible. Hacemos todas, las pintamos bien con mantequilla y las metemos al horno a 180 grados hasta que estén doraditas, como se ven en las fotos. Las sacamos del horno y las bañamos en el sirope que teníamos reservado. Ya sólo nos queda cubrir con pistacho picado. 



     Una auténtica delicia siria. Yo añadí también un poco de sésamo a la masa de frutos secos y un chorrito de agua de azahar al sirope. A vuestro gusto la elección. Animaros porque realmente no son difíciles de hacer.

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